Elías, hijo mío:
Has tocado mis lágrimas con dedos invisibles para consolarme.
Pienso en ti a menudo, durante el día, durante la noche, en mis sueños, al ver a otros niños jugando y saber que jamás podrás estar aquí...pero estás en mi corazón, en mi alma, siempre estás aquí, conmigo.
Yo que sin egoísmo te di tanto de mi misma. En lo más íntimo de mi ser, cree un mundo de alegría, de amor y también de tristeza y de dolor... todo lo que una persona puede sentir lo compartí contigo.
Y aunque jamás podré sentirte arrullado en mis brazos, ya sentiste el latido de mi corazón como una canción de cuna y mi espíritu dándote un lugar seguro, ya protegiendote y preparandote para lo que vendría después.
Pero a veces, el viaje de la vida separa a las almas. Y es verdad, tuviste que irte a otro lugar. Ojalá hubieras podido quedarte, ojalá hubiera sido una decisión que tú y yo hubiéramos podido tomar.
Quiero que sepas que donde esté, siempre estarás conmigo. Tu amor fue el regalo más hermoso para mí, el primer amor de hijo. Me has dado el valor y el ánimo para despertar cada día y sonreír. El latido de tu corazón siempre estará en mí y me llevará hasta ti.
Con todo cariño,
tu mami Andrea.