Ayer tu abuela me preguntó porqué duermo tanto. -¿Y qué quieres que me levante a hacer? -fue mi respuesta. ¿Sabes porqué duermo tanto, Elías? Porque quiero soñar contigo. Y porque cuando estoy somnolienta siento que duermes a mi lado, imaginarte se me hace más fácil. Últimamente te veo así: durmiendo de costado, ropita azul, con chupete, tranquilo, y yo beso tus manos y tu rostro, es tan suave tu piel y hueles lindo.
También tu abuela me preguntó si me molesta la luz del amanecer por las mañanas. Le dije que no, porque no siento nada. Y es verdad. Pero odio despertar, los días son duros si no estás.
Hoy vino mi sobrina, tiene 8 años y tomó tu juguete y preguntó de quién es, tu abuelo dijo: -Es de mi nieto, deja eso ahí-. Yo no estaba, me hubiera alterado ver que alguien toca tu juguete. Con ese gesto de tu abuelo, puedo decirte Elías, que hasta para ese hombre tan frío como el hielo y tan duro como una roca, has ganado un espacio en su corazón. Te dice nieto, y yo pensé que daría vuelta la página, que la arrancaria mejor dicho, y que por tu muerte el dejaría de tener un nieto. Y no es así, eso me conmueve. Tú ya sabías que él te amaba ¿verdad? , ¿sentiste sus mimos cuando estabas en mi panza?
Fuiste, y serás alguien muy importante en nuestra vida, en la de tus abuelos, en la de tu tío y en la mía.
Te amo.
Tuya, tu mami.